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En Defensa de Nuestra Profesión
¡Tenemos que defender nuestra profesión!
Un grito de guerra comúnmente escuchado, pero en bibliotecología es proferido últimamente frente a un hecho que es recurrente en América Latina: La creación de programas de estudio con currículo especial dictado por Universidades o en convenios con otras instituciones en el área de la Bibliotecología.
Los que en este momento se encuentran protestando son los bibliotecarios profesionales peruanos, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a suscrito un convenio con Biblioteca Nacional Peruana para la formación de técnicos bibliotecarios en base a programas curriculares especiales.
Algunos explican y apoyan tal decisión, otros reclaman y llaman a tomar acciones, hay quienes protestan violentamente invocando la violación de sus derechos y algunos aceptan a regañadientes exponiendo que nada puede ser cambiado en los acuerdo ya adoptados.
Lo anterior es parecido a lo ocurrido en otros países. En el caso de Chile frente a la creación de un programa especial dictado por la Universidad Tecnológica Metropolitana UTEM (ex Instituto Profesional de Santiago, IPS) para la formación durante dos años en el área de bibliotecología para profesionales con algún pre-grado.
Obviamente esto continuará y básicamente por un problema de costo, es decir, las instituciones necesitan generar ingresos, la educación se convierte en un comercio a las puertas del siglo veintiuno. Es un resultado de la cita: ‘La información es poder’, alguien con un título otorgado por una institución reconocida por la sociedad, es un profesional que tiene la posibilidad que da esta de ser aceptado y obviamente esta aceptación pasa por una mantención en el sistema. A mayor título mayor aceptación, a mayor aceptación mejor mantención, no entramos a discutir obviamente el fondo, la formación, el desempeño profesional, sólo estamos discutiendo el fenómeno de la educación como comercio y dentro de este fenómeno el producto es el título o certificado otorgado, no la formación, capacitación, educación obtenida, sólo el título, con el la sociedad recompensa, da cabida y mantención. La discusión se centra entonces en que las oportunidades para aquellos que postulan a obtener un certificado deben ser las mismas. Pero la necesidad de subsistencia de los centros de formación los lleva a crear post-títulos o especializaciones, pero con el pequeño detalle de ser “interdiciplinarias”, es decir, cualquier titulado de pre-grado las puede seguir y se logra entonces a un profesor de música con un post-título de bibliotecario escolar. Cuando el mercado se vuelve más competitivo para los centros de formación, generan currículos especiales, estos conducen al mismo título de pre-grado que los currículos ordinarios que dictan, pero en menos de la mitad del tiempo normal; así un profesor de historia puede ser con dos años más de estudios a la vez bibliotecario.
Bueno en el fondo no existe más que el mercado para dar un margen a la entrega de títulos, sólo el mercado manda o niega, no se necesitan profesores o historiadores o psicopedadogos bibliotecarios, pero si, los profesores, historiadores y psicopedagogos necesitan un título que los acredite para entrar o en la mayoria de los casos mantenerse en un cargo. No existe demanda en sus respectivas áreas, y tampoco existe en el área de las bibliotecas una necesidad para preparar con post-títulos de bibliotecarios a otros profesionales, sin embargo si se necesitan currículos de pos-grado, como Master y Doctor, en bibliotecología, pero no existe el capital para montar la estructura requerida, con un retorno sustancioso para los inversionistas. Tal vez si se dieran oportunidades en otras profesiones también se tomarían, pero es imposible por ejemplo, debido a un problema legal que ocurra con medicina, derecho, ingeniería, etc. Un bibliotecario no puede ser pediatra o ginecólogo en dos años de post-título y no existe la posibilidad para que en el transcurso de dos años sea; abogado, ingeniero, profesor, psicólogo, etc.
Pero entendido que se trata una vez más de un simple problema comercial, y no una conjura internacional contra los bibliotecarios, la pregunta es: ¿Por qué otros profesionales de pre-grado quieren tener una acreditación de bibliotecario?.
Al parecer el área es interesante, por otra parte los límites de las funciones profesionales no están claramente definidas.
¿Radica solamente la profesión en un sustrato técnico?, me refiero a simples operaciones agrupadas, que pueden ser manejadas por cualquiera con un entrenamiento mínimo y nada más, sin una base teórica, actividades que permiten ser aprendidas en un corto período de tiempo por cualquier profesional de pre-grado, es decir, ¿no existe la bibliotecología? (me perdone José López Yepez) pero nosotros que estamos todos los días en el desempeño y desarrollo de la profesión nos damos cuenta que es una profesión en expansión (casi a punto de explotar), que debe tener una base teórica compleja y densa que pase por la información, su creación, su período de vida, sus variantes espurias, sus variantes comerciales, su comportamiento, su predicción, el manejo por sistemas computacionales, los derechos en la producción y el uso, etc.
Si seleccionamos títulos de publicaciones periódicas para adquirir, de todo el universo de publicaciones posibles, pasa esto por determinar su relevancia, tema bastante complejo, y sólo posible de asumir por un profesional bibliotecario, o ¿no se selecciona el material en nuestras bibliotecas?; y que pasa con la lectura, o ¿no realizamos formación en lectura en nuestras bibliotecas escolares?; también la tarea de investigar en bibliotecología es especializada o ¿no lo hacen nuestros profesionales?; el manejo de nuevas tecnologías como Internet, obviamente debe ser enseñado, guiado y evaluado por biblioteca ¿no lo estamos haciendo?; el desarrollo de herramientas digitales para la recuperación de información producida por nuestras universidades como por ejemplo las tesis o ¿no lo hacemos?; importante es el resguardo de la memoria colectiva ¿nuestra Biblioteca Nacional lo hace?; y así innumerables preguntas que debemos hacernos en el silencio de nuestras bibliotecas, si no realizamos estas labores ¿qué realizamos?, Porqué, ¿realizamos alguna labor en verdad?. De esas respuestas depende nuestra situación, existen muchos profesionales como; profesores, periodistas, sociólogos, historiadores, que perfectamente pueden ordenar libros en estantería y revistas en cajas y prestar apuntes y buscar términos en una enciclopedia o asignar un número de clasificación del esquema de clasificación de M. Dewey, ya sea copiándolo del reverso de portada o del catalogo en línea de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, existen técnicos o personal no profesional que también puede realizar estas labores con mayor o menor éxito.
Y si estas son nuestras actividades profesionales, ustedes me disculpan, pero no se necesita de un profesional bibliotecario de pre-grado para esto, ni siquiera de un post-título en bibliotecología para otro profesional, basta con un cursillo básico de documentación en algún instituto.